{"id":13,"date":"2012-02-05T22:30:13","date_gmt":"2012-02-05T22:30:13","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost\/joomla\/2012\/02\/05\/la-pierrade-en-montmartre\/"},"modified":"2023-06-22T20:03:31","modified_gmt":"2023-06-22T18:03:31","slug":"la-pierrade-en-montmartre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elbeaterio.es\/index.php\/2012\/02\/05\/la-pierrade-en-montmartre\/","title":{"rendered":"La Pierrade en Montmartre"},"content":{"rendered":"<p>\nEl febrero parisino es g&eacute;lido. La mejor temperatura de los d&iacute;as compartidos no super&oacute; los tres bajo cero que es igual que decir que el fr&iacute;o era considerable. Lo mismo que el cielo despejado o el sol radiante que no calienta. Llego en tren a Montparnasse antes que el coche de Iker. Los atascos, los desplazamientos, &quot;les bouchons&quot; en la capital francesa son considerables. El Boulevard Vaugirard es testigo del encuentro. Un abrazo fuerte y sincero antes de subir maletas y bolsas al coche. Ya ha anochecido. La ciudad ofrece lo mejor de su luz. Nos espera el Sacr&eacute; Coeur, esa iglesia que domina la urbe desde lo alto.\n<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nPens&eacute; en la larga y tendida escalinata, pero afortunadamente un r&aacute;pido y efectivo funicular te pone en la fachada de un edificio que no cierra nunca, que se visita a cualquier hora del d&iacute;a o de la noche. Un vigilante en la puerta invita a quitarte el gorro de lana, por respeto. Se ruega silencio y se proh&iacute;ben las fotograf&iacute;as. Nos sentamos en un banco para contemplar esta construcci&oacute;n en su historia y solemnidad. Pasamos de una nave a otra, a trav&eacute;s de la girola y nos llaman la atenci&oacute;n algunas capillas radiales y la cantidad de velas que pone la gente. La fe mueve monta&ntilde;as. <\/p>\n<p>\nNos acercamos luego a la iglesia de San Pedro, antes de llegar a la Plaza del Teatro en el coraz&oacute;n de Montmartre. Un par de pintores nos invita a que posemos al aire libre, pero teniendo en cuenta el rigor de la noche, no corremos el riesgo de coger una pulmon&iacute;a. Nos sorprende que todav&iacute;a est&eacute; la decoraci&oacute;n navide&ntilde;a. Hay alg&uacute;n bistr&oacute; abierto, pero preferimos hacer camino por callejas y plazuelas, bajando escaleras que, entre silencios, ayudan a descubrir un entorno envidiable. Nos cruzamos con algunos turistas j&oacute;venes de habla inglesa, mientras pasamos por la puerta de alg&uacute;n restaurante que parece atractivo. Dejamos atr&aacute;s &quot;Chez Plumeau&quot;, &quot;La grolle de Montmarte&quot;, &quot;Au grain de folie&quot;, &quot;Pommodoro&quot;, antes de llegar al &uacute;ltimo portal (93) de la Rue des Martyrs. En la esquina de esta calle con Yvonne le Tac se sit&uacute;a &quot;La Pierrade&quot;.\n<\/p>\n<p>\nPor esas cosas que nunca sabes, nos animamos a entrar. Es un sitio peque&ntilde;o, de dos alturas, con un m&aacute;ximo de diez mesas entre ambas plantas. Nos enviaron arriba. La carta no es muy larga, porque supongo que la cocina tampoco est&aacute; para muchos esfuerzos. Pedimos un par de ca&ntilde;as y compartimos un foie (micuit) con tostadas. Despu&eacute;s, &quot;la pierrade&quot;. Te traen una piedra caliente, con su propio fuego, sobre la que vas poniendo la carne que has elegido. Buey, pato y pavo. Raciones generosas. La haces a tu antojo. Tres salsas y un pur&eacute; de patata. Es divertido y acertamos. Luego, un postre. De fondo, una m&uacute;sica ambiental quiz&aacute;s demasiado alta. Tanto como estrecho es el ba&ntilde;o.\n<\/p>\n<p>\nPero lo importante, por encima de todo, era la conversaci&oacute;n, su contenido. Mucho tiempo, muchas ganas de compartir vivencias. Todo fue inolvidable y grande. Nos quedamos los &uacute;ltimos. Sabiendo en qu&eacute; ciudad estamos, el precio de la cena fue razonable. Ya en el coche, vamos por el Boulevard de Clychy hasta el Moulin Rouge. Llama la atenci&oacute;n el colorido de la calle, las luces de los establecimientos que reclaman al cliente. Iker detiene su coche a la altura de un sem&aacute;foro. Bajamos. Pasa una cuadrilla de chicos j&oacute;venes. Les pedimos que nos hagan una foto &quot;para la inmortalidad&quot;.\n<\/p>\n<p>\n&nbsp;Ya tenemos el recuerdo antes de que aparezca un coche de la polic&iacute;a. Cuando llega el veh&iacute;culo se ha puesto en marcha y no pasa nada. Luego, despacio, seguimos hablando mientras hacemos camino y buscamos el descanso reparador. Por detr&aacute;s queda el cansancio acumulado por el entrenamiento, el viaje, y el pateo por las calles. El coche llega a Livry-Gargan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El febrero parisino es g&eacute;lido. La mejor temperatura de los d&iacute;as compartidos no super&oacute; los tres bajo cero que es igual que decir que el fr&iacute;o era considerable. 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