{"id":4079,"date":"2009-07-22T10:54:28","date_gmt":"2009-07-22T10:54:28","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost\/joomla\/2009\/07\/22\/astarloza\/"},"modified":"2023-07-02T15:51:07","modified_gmt":"2023-07-02T13:51:07","slug":"astarloza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elbeaterio.es\/index.php\/2009\/07\/22\/astarloza\/","title":{"rendered":"Astarloza"},"content":{"rendered":"<p>\nNo soy su madre, pero le conozco como si le hubiera parido. Terco como una mula, cabez&oacute;n, constante, sacrificado, disciplinado, ciclista&#8230;Cabe a&ntilde;adir que su cabeza est&aacute; bien amueblada, que eligi&oacute; este deporte entre otras ofertas que pudieron ser m&aacute;s sugerentes. En su casa, San Pedro, se vive el remo. El jefe de la familia sent&oacute; posaderas en la &quot;Libia&quot; con la que gan&oacute; una preciada Bandera de La Concha, pero el ni&ntilde;o, alto y flaco, quiso ser corredor.\n<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nLas pedaladas en el camino nunca son f&aacute;ciles. Menos, en la bicicleta. Hablamos de un deporte sin el apoyo social de un club, de una tradici&oacute;n. Los equipos aparecen y desaparecen. Dependen de los patrocinadores. La crisis y el negro velo del dopaje no le han hecho ning&uacute;n favor. Por eso, cuando las bicicletas ruedan en categor&iacute;a amateur, distinguen al fondo un estrecho embudo en el que se atascan la mayor&iacute;a y sobreviven unos pocos. Astarloza pas&oacute; y encontr&oacute; otro paisaje. <\/p>\n<p>\nJunto a su primo I&ntilde;igo Chaurreau recorri&oacute; parte del camino. Debi&oacute; emigrar a Francia, al AG2r, como los vendimiadores que buscan en los campos galos el sustento para sus familias. Cinco a&ntilde;os (2002-2006) mirando de reojo a casa, porque siempre quiso correr con el maillot que ahora defiende. Por eso, cuando finalmente encontr&oacute; en su mesa la oferta que esperaba, rechazo las otras y se incorpor&oacute; al proyecto. Desde abajo, subiendo escalones por su m&eacute;ritos y porque las salidas aclaraban el horizonte. La marcha de Haimar Zubeldia le convirti&oacute; en l&iacute;der del equipo. &quot;Pat&eacute;tico l&iacute;der, porque trabajan para m&iacute; y yo nunca gano nada&quot;, suele afirmar entre sonrisas.\n<\/p>\n<p>\nHace un mes disput&oacute; en Cantabria el Campeonato de Espa&ntilde;a en ruta. Pudo ganar, pero qued&oacute; tercero, detr&aacute;s de Rub&eacute;n Plaza y Tino Zaballa con quienes compart&iacute;&oacute; el podium. Fue medalla de bronce, por delante, incluso, de Alejandro Valverde, despu&eacute;s de alcanzar la alta meta del &quot;Soplao&quot;, el puerto en el que todo conclu&iacute;a.\n<\/p>\n<p>\nNo pas&oacute; un minuto y el mensaje de tel&eacute;fono estaba escrito en su buz&oacute;n. &quot;Como no valores esta medalla en su justa medida, me perder&aacute;s como amigo&quot;. He escrito que le conozco. Sab&iacute;a de sobra que estaba quemado. La respuesta lleg&oacute; por la noche. &quot;Gracias, I&ntilde;a, pero estoy hasta los cojones de no ganar&quot;.\n<\/p>\n<p>\nSe ha visto cerca tantas veces que en su cabeza el podium ha dado vueltas desde 2003 cuando obtuvo en Australia su primer y &uacute;nico triunfo profesional (Tour Down Under) hasta ayer. En este tiempo transcurrido nos hemos visto muchas veces. Hemos compartido mesa y conversaci&oacute;n. Sobre todo, largas y profundas charlas. Le admiro por muchas cosas, entre ellas la sinceridad. Un d&iacute;a, tomando un caf&eacute;, entramos los dos a saco. Nos cruzamos preguntas y respuestas. Ha pasado mucho tiempo, pero estoy seguro que los dos recordamos lo que entonces nos dijimos. Pero, como es una conversaci&oacute;n privada, se quedar&aacute; ah&iacute; para siempre.\n<\/p>\n<p>\n&#8230;\/\n<\/p>\n<p>\nAyer com&iacute; con unos amigos y luego nos vinimos a casa a ver la etapa. Al encender la tele se enfocaba a un grupo de escapados. Me pareci&oacute; distinguir un naranja. Era &eacute;l. &quot;No puede ser&quot;, pens&eacute;. &quot;Otra vez&quot;. Una jornada, otra y otra, siempre intent&aacute;ndolo. El dise&ntilde;o no pintaba optimista porque ese puerto largo y complicado no ofrec&iacute;a un perfil generoso. Pero &quot;ttipi, ttapa&quot; sigui&oacute; a su ritmo di&eacute;sel de profunda pedalada. Aguant&oacute; todo. Se ve&iacute;an dientes y ra&iacute;ces. Coron&oacute; la monta&ntilde;a y se tir&oacute; cuesta abajo. Le acompa&ntilde;aban tres y le persegu&iacute;an mil, escalonados y vigorosos. Treinta largos y sinuosos kil&oacute;metros que con su buena t&eacute;cnica en el descenso fueron cayendo.\n<\/p>\n<p>\nReconozco que en ning&uacute;n caso me apunt&eacute; a la esperanza, porque este cuento me lo s&eacute; de memoria. Los comentaristas se hinchan a opinar, a ofrecer recetas de lo que debe hacer. Como si el corredor fuera lelo. Llega la pancarta de dos kil&oacute;metros para la meta y decide. Le quedan pocas fuerzas. Tal vez, ninguna. Les sorprende, les ataca y se va. Me pongo nervioso porque puede ser que s&iacute;. Un kil&oacute;metro. Se hace eterno. Mira para atr&aacute;s, pero van peor que &eacute;l. Se lo cree y aprieta las mand&iacute;bulas, busca en sus piernas la pedalada imposible. Cuatrocientos metros. Una curva. &quot;Por favor, no te caigas&quot;. Doscientos. Vuelve a mirar para atr&aacute;s y se estira como Las Cari&aacute;tides del Olimpo. Sonr&iacute;e, saluda, le sale un &quot;ostia&quot; del fondo de su alma y se convierte en ese momento en el hombre m&aacute;s feliz del mundo.\n<\/p>\n<p>\nMe emociono mucho porque le quiero. En la &uacute;ltima charla que mantuvimos le asegur&eacute; que los triunfos llegan, pero nunca sabes d&oacute;nde. Se gana cuando se puede, no cuando se quiere. Por eso, debemos creer en nosotros. En un instante pasaron por mi mente, a inmensa velocidad, las conversaciones y los momentos compartidos, los retos y las dificultades superadas. Todo al un&iacute;sono, mientras se agolpaban alrededor los micr&oacute;fonos que esperaban la palabra asfixiada e ilusionada.\n<\/p>\n<p>\nY de repente, casi sin enterarte, pasa a la historia. Le cambia la vida, pero espero que s&oacute;lo sea eso: la vida. Conozco un Mikel generoso, fiel, sincero, serio cuando debe serlo y divertido en otras circunstancias. Buen t&iacute;o. As&iacute; de simple y de grande al mismo tiempo. Para nada es un gallo, pero se peina con la cresta afilada, apuntando al cielo. Ayer lo toc&oacute;.\n<\/p>\n<p>\n<strong><\/strong>\n<\/p>\n<p>\n<strong>NOTA<\/strong>: El 31 de julio&nbsp;la Uni&oacute;n Ciclista Internacional (UCI) decidi&oacute; suspender provisionalmente a Mikel Astarloza (Euskaltel Euskadi), ganador de una etapa y clasificado und&eacute;cimo en la general del Tour. Las razones que aduce la UCI&nbsp;apuntan a un&nbsp;informe de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) que habla de&nbsp;un positivo por EPO en un an&aacute;lisis de orina fuera de competici&oacute;n perteneciente al 26 de junio de 2009.\n<\/p>\n<p>\nAhora ser&aacute; la Real Federaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Ciclismo (RFEC) la que determine si Astarloza ha violado las reglas antidopaje incluidas en el art&iacute;culo 21 del C&oacute;digo Antidopaje de la UCI. Astarloza niega cualquier rleaci&oacute;n con el dopaje y su equipo le apoya absolutamente. El contraan&aacute;lisis solicitado aportar&aacute; m&aacute;s luz al respecto.\n<\/p>\n<p>\n&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No soy su madre, pero le conozco como si le hubiera parido. Terco como una mula, cabez&oacute;n, constante, sacrificado, disciplinado, ciclista&#8230;Cabe a&ntilde;adir que su cabeza est&aacute; bien amueblada, que eligi&oacute; este deporte entre otras ofertas que pudieron ser m&aacute;s sugerentes. En su casa, San Pedro, se vive el remo. 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