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¡Esos locos bajitos que aparecen…!

El último profesor de matemáticas que pasó por mi vida acertó de pleno al lograr que aborreciera para siempre la asignatura que impartía. Han pasado más de cuarenta años y si trato de descubrir qué valor ha tenido aquel aprendizaje cuesta bastante ser optimista. Hartazgo de las ecuaciones de segundo grado, los polinomios y sus conjuntos, la descomposición factorial, los teoremas, las áreas y volúmenes, el número “pí” y los logaritmos neperianos que terminaron de hundirme en la miseria. Cuando quería mortificarnos diseñaba en la pizarra uno de esos ejercicios plagados de símbolos. La tiza dibujaba llaves, corchetes, corchángulos y paréntesis. Estos, solamente estos, han sido útiles en muchos momentos de la trayectoria en la que me encuentro.  Por ejemplo, ayer. Decidí abrir uno de ellos inmediatamente después del partido con el Athletic y obviamente lo cerré anoche en que cuanto Borbalán pitó el final. Venía a un campo en el que su equipo titular había marcado veintiún goles en los últimos cuatro partidos de liga. Los tres últimos al Osasuna nada más bajarse de un tren sin calentar, ni merendar previamente. Con anterioridad, le hicieron un ocho al Almería y regalaron un par de manitas al Sevilla y Real Madrid. Sumados todos, la cifra antedicha. En contra, ninguno. De su equipo titular, ocho futbolistas son campeones del mundo y los otros tres se llaman: Messi, Alves y Abidal. Los tres mejores jugadores del orbe se encuentran en esta plantilla. “Esos locos bajitos” de la canción de Serrat y que sonrientes en las fotos se disputan un balón bañado de oro. El técnico que les entrena lleva varios récord a sus espaldas y lo último, lo más de lo más, es que la publicidad que van a lucir en su camiseta les reporta al año el presupuesto completo de la Real para toda la temporada. Podríamos seguir descubriendo realidades hasta hartarnos. Con el tiempo te vas haciendo conservador, o relativizas mucho más las cosas. Antepones en la balanza todo ese caudal de argumentos e intuyes que el equipo va a perder. Haces una lectura previa del partido y te planteas otros objetivos. Si nos situamos en una carrera atlética popular, muchos deportistas no salen a ganarla, porque saben que es imposible. Se marcan otros objetivos: mejorar el tiempo, llegar a la meta, sentirse a gusto con uno mismo, etc. La Real lleva una temporada estupenda, exquisita, cuyos números a día de hoy los hubiéramos firmado todos antes de iniciar el campeonato. La humildad y la convivencia con la realidad han dado sus frutos, gracias al esfuerzo, a la entrega, al sacrificio y a los aciertos.  Eso es lo que esperaba anoche en el Nou Camp. Y con todo ese caudal de virtudes desplegado sobre el césped, jugar el partido, vivir las emociones y disfrutarlo a su manera, por encima del valor del resultado. Antes del encuentro coincidí con la madre de uno de los titulares que quería verle debutar a su hijo en semejante estadio y ante tamaño equipo. Para muchos, al margen del resultado, era un día histórico, como una confirmación de alternativa.  ¡Que nos sientan!, ya parecía un éxito. Luego, obviamente, cerrar paréntesis. ¿Y si suena la flauta?. Fantástico, claro. Afronté el partido tranquilo y sin nervios, cosa poco habitual. Supongo que lo mismo que Martín Lasarte que no se volvió “majara” y sólo cambió a Zurutuza por Elustondo. Como Villa marcó a los ocho minutos e Iniesta a los treinta, no sufrí menoscabo, “Los pequeños” dinamizaron el juego y como Messi decidió coger el mando tras el descanso cayeron tres más hasta cerrar “la manita”.  Esa tranquilidad y la visita a la Ciudad Condal dio para disfrutar del concierto del Dúo Dinámico que celebraba su cincuenta aniversario y del musical “Hoy no me puedo levantar” que articula una historia en torno a las canciones de “Mecano”. Desde la fila ocho de la platea del Tívoli canté una, dos, tres… No sé cuántas. Habíamos picoteado un poco en “El velódromo” de la calle Muntaner que se ha puesto de moda. Menos mal, porque el espectáculo duró más de tres horas. Una más que el partido de fútbol. En uno y otro, disfruté a mi manera.  Apunte final: Conozco a Marta Domínguez y a su entorno lo mismo que al embajador de Kazajistán, pero como espectador amante del deporte, cuando pasan cosas de estas, obligatoriamente debes hacerte preguntas. Si además, unos cuantos atletas firman documentos de denuncia que afirman haber convivido con “la impunidad desesperante” de bastantes de sus colegas, la resultante es al menos de decepción y tristeza.

Iñaki de Mujika