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Los pies en el suelo antes que nada

Desde aquella noche en Riazor, el último día de la pasada temporada, la Real Sociedad y todo su entorno empezaron a soñar con la Champions, con la fase previa, con los posibles rivales, con el equipo de esta temporada. Padeció algo así como un ataque ansiedad, como si quisiera que todo pasase deprisa y que mayo fuera agosto.

Ya estamos en ese mes, ya se han establecido las eliminatorias y los guipuzcoanos saben que su primer rival será el Olympique de Lyon, que para muchos era el contrincante más asequible. Incluso, el hecho de jugar el segundo partido en casa otorga un plus de posibilidades.

 

Diseñado el paisaje convendrá no perder de vista que una vez comience el campeonato dentro de unos días y antes de final de mes, los chicos de Jagoba Arrasate deben disputar cuatro partidos en menos de dos semanas.

Y esa es una de las incógnitas que el tiempo deberá resolver. Los realistas llevan mucho tiempo sin afrontar un maratón de partidos. Le falta cuajo para saber sacar adelante estas rachas que el calendario diseña. Pasen o no pasen la previa ante los franceses, hasta Navidad van a tener que disputar un montón de partidos con la plantilla a la que le falta Illarramendi, porque se fue al Madrid, así como Mikel González e Ifrán, lesionados para largo y con Agirretxe aparcado para el debut por otra lesión.

La contratación de Seferovic es la única incorporación foránea y la secretaría técnica tiene hasta la víspera del primer encuentro europeo unos días para formalizar un nuevo fichaje que refuerce la zona ancha del equipo que es lo que en principio buscan los tresponsables. Todos hablan del “pirata” Granero.

En declaraciones a Onda Vasca, el director deportivo, Loren, afirmó con rotundidad que el principal objetivo del club es competir la próxima temporada en Primera División, el pan y mantequilla. Convendrá por tanto que unos y otros sepan establecer la escala de valores para que nadie se confunda ni pierda el norte.

Nada de eso está reñido ni con la ilusión, ni con los sueños, pero por perder en su día una parte de la cabeza, el club entró en una dinámica que no le correspondía y dio con sus huesos en Segunda División. Con la lección aprendida, la Real hará lo imposible por crecer y multiplicar su valor. Los pies en el suelo y las euforias, aparcadas.

Iñaki de Mujika