Noticias de Gipuzkoa
Fecha de publicación: 16 de octubre de 2006
No tendría muchos años, unos diez más o menos, cuando en uno de los circos que visitaba nuestra tierra se anunciaba la presencia de una trapecista de fama mundial, que había destacado por su habilidad en las alturas, poniendo como escarpias el pelo del respetable que, 20 ó 30 metros más abajo, le seguía con los ojos mientras valoraba su actuación y temblaba a la espera del momento en que se pegara una toña de campeonato. Ciertamente, acojonaba.
Actuaba sin red y cayó algunas veces de gravedad. Tres, en concreto. En dos se rompió el cráneo y en otras varias terminó con fractura de pies y manos. Se llamaba –aún vive– Pinito del Oro. Parecía imposible que volviera, pero resurgía y volvía al trapecio y arriesgaba. Así hasta que la edad aconsejó la retirada. Mary Santpere, en el antiguo Circo Price, le cortó la coleta y pasó a la historia, reconocida por todos. Hoy, debajo de su cama, aún guarda el trapecio.
Desde entonces ha habido muchos imitadores, pero ninguno alcanzó su fama. Unos, queriendo. Otros, sin desearlo. En este grupo, indudablemente, está nuestro Jose Mari Bakero. No hay un alambre en el que mantener el equilibrio, sino un columpio que va y viene, cada vez con más altura y con el ejercicio de acrobacia más complicado.
Hace no demasiados meses, aquella tarde de Getafe, su primera tarde como técnico, viví cada momento del partido con la esperanza de una victoria que necesitábamos. Perdimos y dimos sensación de pena, penita, pena. Me sentí hundido. Bajé cabizbajo y sin esperanza a la rueda de prensa. Atento a lo que decía. Le miré, me miró y contestó a las preguntas con una fortaleza contagiosa que me devolvió el ánimo perdido.
Cogió a su trouppe y se la llevó de ejercicios espirituales a las aguas menores del Mediterráneo. Posiblemente, es lo mejor que ha hecho desde que se sentó en el banquillo. De allí salió un grupo nuevo, fortalecido, lleno de confianza. Los resultados llegaron y las sensaciones positivas cerraron un ejercicio en el que hizo falta báculo para recorrerlo.
Ahora, estamos parecido. O peor. El entrenador dice sentirse con fuerzas. Los jugadores, también. Se han montado todos en el columpio y están haciendo ejercicios sin red. No somos Pinito del Oro, pero lo parecemos.











