Noticias de Gipuzkoa
Fecha de publicación: 15 de abril de 2007

La Semana de Pascua ha sido gratificante. Comenzó cruzada con el fiasco de Montjuic y terminó ayer en La Cartuja con esa sensación de “tenemos futuro” que nos acompaña desde que comenzamos a mirar hacia delante con el horizonte plagado de nieblas y sombras. En el camino recorrido, de vez en cuando clareaba, salíamos del túnel, lucía alguna bombilla y se disipaban los nubarrones. Pero, en seguida, volvía el camino hacia el abismo.
Entre el humor y la incredulidad circuló en mitad de la semana la posible existencia de un grupo de magnates dispuesto a comprar al Valladolid su plaza en Primera para que las huestes txuri-urdin recuperaran lo que casi tienen perdido. Los pucelanos, curiosa paradoja, tienen un cañón anunciado de 25 millones de euros y pasean campantes por la competición, en tanto que aquí por bastante menos se montó la que se montó, para volverla a montar, y desmantelarnos.
Luego, llega Lotina. Los viernes de Lotina son un ejercicio de parsimonia dialéctica, entretenida, con miradas hacia la derecha y hacia la izquierda, cuando el toro viene de frente. “Debemos seguir unidos”. A estas alturas en el vestuario el discurso está agotado, como lo está para casi toda la prensa, y tal vez para el beaterio. Después de tantos años, aquí lo que privan son los resultados, y estos, para qué engañarnos, son malos a reventar. La victoria de ayer en la Isla de Cartuja no fue otra cosa distinta a la que esperábamos. Notamos al entrenador un punto confuso, nervioso y desorientado. Se metió en charcos que no tenían agua. Nadie le discute el sistema, sino la elección de los componentes que lo desarrollan. Al equipo le falta espíritu y, éste, que no sobra, se queda en el banquillo. Pero, creemos a muerte en este equipo.
Anoche cambió de plan. Con otros. Lo mismo que en Barcelona, pero corregidos los matices que los plumillas y alcachoferos habían detectado en sus análisis. El míster, también. Por eso, se decidió ayer por Díaz de Cerio y Darko Kovacevic. Devolvió a Garrido al lateral y puso a Juanito en el pivote después de semanas de ausencia del malagueño. El de Irun marcó el 0-1 y se montó un ¡Viva Cartagena!










