Noticias de Gipuzkoa
Fecha de publicación: 15 de enero de 2007

La Real eligió también ayer hospedarse en el Hotel Palacio del Mar. Está ubicado muy cerca del campo en el que jugó frente al Racing. Pese al nombre, llama la atención su decoración. Pinturas que reflejan cebras corriendo, bisontes en la estepa y elefantes. Muchos elefantes. Una enorme cabeza de uno de ellos, con sus colmillos enormes y afilados, preside la sala en la que me encuentro. Incluso, creo que me mira con su inexpresivo ojo izquierdo. Me he venido al hotel a escribir, después de vivir los 90 minutos con los que iniciamos la monumental cuesta de enero y parte de febrero. Me acompaña el cabreo que me produce perder “de penalti, injusto y en el último minuto”.
Nos llegaba el Racing, antes de medir fuerzas con Valencia, Athletic, Sevilla, Real Madrid y Recreativo. Con todos estos, en la primera vuelta, sumamos un punto. En San Mamés. Ayer necesitábamos cargar la mochila; llenarla, a la espera de las próximas aventuras. Anduvimos merodeando el premio. Lo tuvo Jesuli en su derecha. Lo tuvo Xabi Prieto en su cabeza. Le dimos un par de tientos al jarro antes de que nos diera el siroco de una ventolera vestida de amarillo fosforito.
Nos cuesta hilvanar juego de ataque. Nos cuesta encontrar el referente que enlace las líneas y dé sensación de poderío. Algo así como Zigic, pero en la medular. El delantero del equipo cántabro es una garantía de gol, de peligro, de cansancio y agotamiento en sus rivales. De tal manera destroza que aparece en el último minuto, castigando al joven central que le persigue y llevando al árbitro a ese huerto en el que como buen “casero” se siente como pez en el agua.
Me pensaba parar en el camino a tomarme una de esas tablitas de queso, que tan ricas son en estas tierras, pero no tenía ni cuerpo, ni alma. Por no ver, no encontré en el paisaje ni casitas con bombilla roja que me dejaran pensar, “sólo pensar” en otra cosa que no fuera la cara de tristura de los nuestros.










