Noticias de Gipuzkoa
Fecha de publicación: 19 de febrero de 2007

En los tiempos lejanos de la reválida de cuarto, debíamos pasar unos cuantos exámenes exigentes. Las matemáticas eran importantes. Al menos, por la cantidad de horas que metíamos. El hermano Luis nos machacaba, cuando apenas cumplimos los catorce. Ecuaciones, teoremas, mediatrices, bisectrices y el resto de la farándula de signos y números que desde entonces aborrezco. Me apetecían más las Catilinarias o la Iliada.
Pero aquel hermano, explicando no sé qué en el encerado verde, nos enseñó su descubrimiento. Un teorema. El teorema de Luis. Una conclusión. A día de hoy soy incapaz de acordarme y de explicarlo. Sólo lo recuerdo porque se trataba de un descubrimiento, de un hallazgo personal de aquel profesor cuya sotana veía delante. A esa edad todo te parece fantástico. Después de perder ayer en Huelva, con la contundencia del 1-0 y, sobre todo, de las sensaciones que ofrece nuestro equipo, me sigo acordando del teorema, de la necesidad de recordar lo que he tenido en el camino, lo que he sido y lo que me ha permitido llegar hasta aquí, aunque no crea ni en las matemáticas, ni en quienes las defienden. Bajando los brazos, hundidos en la miseria, no aprobaremos nunca la reválida. Muchas veces los alumnos que no saben la lección, se arman de chuletas y sacan adelante el reto. Pues eso.
Por lo demás, el fin de semana ha sido de esos en los que se atragantan las gambas –36 euros la ración– ante la catarata de resultados negativos. Pierden el Gipuzkoa Basket, el Arrate, el Bidasoa, la Real… Nos ha sentado fatal el Carnaval. El de la vieja Onuba, por cierto no tiene desperdicio. ¡Vaya exhibición de cutrerío!
Mañana entierran a la sardina y el miércoles toca purificarse con la ceniza. A lo mejor con la llegada de la Cuaresma, que es tiempo de recogimiento y meditación profunda, nos sentimos más a gustito y le ganamos al Deportivo. Miren al cielo y busquen al hermano Luis. Tal vez nos enseñe el camino.










