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Uríz, el valor de la disciplina personal

Ricardo Uriz es uno de esos jugadores por los que merece la pena apostar. Juega al baloncesto y ha defendido unas cuantas camisetas a lo largo de su carrera profesional. Actualmente milita en Valladolid. Antes lo hizo en Bilbao y San Sebastián. Su reciente visita a Illunbe permitió que el público le mostrara cariño y el club le entregase la insignia de plata como reconocimiento a todos sus méritos y desvelos. El navarro se emocionó.


No es fácil que los deportistas cuenten con el apoyo y el apego de aficiones pasadas. Sin embargo, Uriz se ha ganado el respeto por su forma de hacer y decir fuera y dentro de la cancha. Se viste por los pies y es riguroso en los procesos, en los entrenamientos, en la competición. A lo mejor no es uno de esos mediáticos que ocupan portadas, pero los clubes que lo han contratado le prefieren como es, porque deja sello.

Ricardo Uriz es el mayor de varios hermanos que juegan al basket. Pertenece a una familia de deportistas, con lo que conlleva de actividad, de competición, de afán por superarse y lograr metas. Pueden ser un espejo en el que mirarse centenares de jóvenes que practican deporte, que hacen camino y que saben convivir con sus límites. Exprimiendo los propios valores, se hacen rentables en largas carreras. Se llega pero lo difícil es mantenerse. Sólo hay un camino, el de la disciplina personal.

El navarro es un jugador "diez". Como deportista y como persona. He compartido con él muchos momentos. Todos lejos del parqué, fuera del día a día. En situaciones en las que es más fácil descubrir el verdadero valor del individuo. Ni una mala palabra de nadie, ni un mal gesto. Amigo de sus amigos, se encontró con un "hasta aquí" en el escenario de sus mejores logros deportivos. Ahora, con otra misión mira por el retrovisor al pasado. Sin rencor y entre agradecimientos. El me enseñó a valorar el deporte que ama, a saber que se puede ser grande sin ocupar portadas de periódicos, ni titulares en las noticias.

Iñaki de Mujika