Noticias de Gipuzkoa – Fecha de publicación: 2 de octubre de 2006
Le decía Patronio al Conde Lucanor: “Tres burladores acudieron a un rey y le contaron que ellos podían coser un traje que todo hombre que fuese realmente hijo de su padre lo vería. Pero el que no fuese hijo de quién cada uno consideraba padre, nunca vería el paño”. El rey les cedió un palacio para que confeccionasen el vestido. Les proporcionaron oro, plata y seda. Pusieron sus telares, se encerraron, dando a entender que trabajaban en el encargo.
Pasados unos días hicieron llegar noticias de que el ropaje ya se estaba realizando y que era la cosa más hermosa del mundo. El rey envió a un mensajero para que lo viese. Desde el momento en que el camarero vio a los maestros y lo que hablaban, no se atrevió a decir que no veía nada. A partir de entonces, todos los que el rey envió le dijeron que lo habían visto, por lo que él mismo decidió acudir a comprobar la maravilla. Al llegar se dio cuenta de que no tejían nada, en tanto le explicaban cómo era el paño. Como quiera que él no veía lo que los demás, se tuvo por muerto, porque pensó que no era hijo de su padre. Pero no quiso decirlo y empezó a alabar la obra, porque si reconocía que allí no había nada y que, por tanto, no era hijo del rey que tenía por padre, perdería el reino. Así que decidió alabar el traje y cantar sus maravillas.
Hasta que llegó el día de una gran fiesta. Todos le pidieron al rey que luciese aquellas vestimentas. Los maestros las llevaron a palacio, le vistieron, cabalgó por la villa y “le vino bien porque era verano”. Todos le veían desnudo, pero nadie lo reconocía, porque el que lo hiciese sería deshonrado. Hasta que un transeúnte que no tenía nada que perder por su condición le dijo : “Señor, a mí me da igual que me consideréis hijo de mi padre, o de otro, pero en verdad le digo que, o yo soy ciego, o usted va en pelotas”. Descubierto el engaño, todos perdieron el miedo y afirmaron lo mismo. Cuando trataron de apresar a los timadores, estos ya habían huido.
En la Real a día de hoy se cosen, al menos, dos trajes. Uno, en el Consejo. Otro, en el terreno de juego. El primero va a su ritmo y dará señales de vida el 4 de noviembre. Situación económica, ampliación de capital, deudas, reales recursos, presupuesto, etc. El otro, no lo ve nadie. El sastre que elige las telas no encuentra la forma de conjuntarlas. Hoy, pana. Mañana, seda. Y entre medio, partidos tácticos como el de ayer en A Coruña. Mucho esfuerzo físico, muchos apoyos, mucha cercanía de líneas, pero dos goles en contra que certifican una nueva derrota. ¿Estamos, como aquel rey, en pelotas?











