El Beaterio de Iñaki de Mujika

El potro, el caballo y el plinton

Noticias de Gipuzkoa
Fecha de publicación: 25 de febrero de 2007

No se me ha olvidado todavía el curso en que por primera vez tuve clase real de gimnasia. Fue en quinto de bachillerato. El Chus era el torturador. Cuando las tablas eran de rítmica, aún me defendía. Pero cuando tocaba saltar aparatos, no tengo palabras que expresen todo lo que pasaba por mi cabeza o por mi cuerpo.

Ante el potro, llegaba en carrera espléndida y me frenaba como caballo ante el muro. Ponía las manos sobre el cuero, daba un saltito en plan Isadora Duncan y a cascarla. Luego, veías a lo lejos un caballo. Otra carrera fantástica y otra frenada. Saltabas te quedabas encima o te dejabas los güitos en la punta. ¡Ay que dolor!

Cerraba el circuito un rectangular plinton. Tenías que volar, dar la voltereta y salir. Galope excelente y nueva frenada. Esta vez con la cabeza. O te clavabas la frente o te dejabas lo que ahora, en la modernidad, se llaman cuernos. La primera quincena conseguí que me pusieran un 1 como nota de calificación. Aprendí la lección. O espabilaba, o lo tenía crudo.

Fui poco a poco mejorando hasta que al final conseguí el 5 que me permitía pasar de curso. Ayer, frente al Depor, la Real se comió el caballo, el potro, el plinton y todo lo que se le puso por delante. Falló las ocasiones de gol que tuvo por delante y encajó, otra vez en jugada a balón parado, el tanto que le deja más para el otro mundo que para el que estamos. Cambiamos Arizmendi por Beckham o Beto y es lo mismo.

Lotina leyó un manifiesto. Pidió al público clemencia y voces de aliento. Al final, el respetable se desfogó porque en sus entrañas sufre tanto que no quiere ver a su equipo sin otro premio que un castigo. Voluntad, actitud, deseo, generosidad… todo eso lo ponen los jugadores. Pero, si no crees que es posible aprobar, incluso cuando sacas un uno, no apruebas. Por la cabeza de los nuestros pasa de todo, menos tranquilidad, confianza y serenidad. Les ves y te dan pena. Ustedes, si quieren, hablen de matemáticas.

Iñaki de Mujika