Noticias de Gipuzkoa
Fecha de publicación: 5 de marzo de 2007

Anda el pobre Loti buscando el conejo de la suerte. Busca y busca en su larga chistera, pero no lo encuentra. Su magia ha dado con las palomas mensajeras, con los pañuelos de colores, con los ases de la manga, con las monedas que pasan de bolsillo a bolsillo. Con todo, menos con el blanco conejo. Está bien escondido.
El mago actúa dos veces por semana. Los viernes y los domingos. El resto de la semana ensaya la actuación. La primera vez, ante los periodistas a modo de preparativo. Luego, los festivos ante el gran público. Unas veces mete la mano, saca una nota y la lee. Nos deja a todos boquiabiertos, pero poco convencidos de que pueda agarrar al conejo por las orejas. Otras, hace un llamado, como el patrón de la Ama Guadalupekoa, para que rememos en la misma dirección…
Ha intentado de todo. Incluso, cambiar el itinerario del autobús que le lleva los domingos a Anoeta. ¡Hoy, por la costa! ¡Hoy, por el interior! ¡Hoy, con música! ¡Hoy, sin música! Pero, al conejo no se lo pone salir de la chistera. Ni siquiera, nadie sabe si realmente ha llegado a estar dentro alguna vez. Ése, el conejo de la suerte, lleva tocándonos las boulings hace muchas semanas, justo desde el momento en que todo esto nos empezó a parecer misión imposible.
También yo ando buscando el conejo, porque tengo claro que no es cosa de uno solo. ¡Tanto tiempo para encontrarlo! Me fui a Zaragoza el viernes. Asistí a la misa de siete en la Iglesia de los Santos Mártires, pidiéndole a San Apodemio apoyo y ayuda para que mis equipos vieran luz y el conejo saltarín nos hiciera carantoñas. El sábado y el domingo, otras dos misas en El Pilar. Compartía doblete. El Bidasoa, en la EHF. La Real, en el camino al cadalso.
A esta hora saben el caso que me han hecho. Un penalti con sospecha, una falta no pitada en momento decisivo, unas ocasiones marradas y el mismo discurso de lamento ante la ocasión perdida. Nos pasan tantas cosas que hasta la luna se ha puesto roja.










