El Beaterio de Iñaki de Mujika

La montaña mágica

Noticias de Gipuzkoa
Fecha de publicación: 9 de abril de 2007

Nos hemos pasado hablando toda la semana de la montaña mágica, en clara referencia a Montjuïc, al lugar de Barcelona en el que está situado el estadio Lluis Companys, el mismo que en 1992 cobró el inusitado esplendor de unos Juegos Olímpicos. Desde entonces, juega allí el Espanyol, a la espera de que le terminen de construir su nueva residencia en Cornellá.

El campo me traía hasta ayer buenos recuerdos porque, además de vivir allí la inolvidable experiencia olímpica, he sido testigo de partidos redondos de nuestro equipo, con ganancia de resultados, incluso uno de ellos en dos tandas, porque un árbitro decidió suspender cuando caían chuzos de punta. Volvimos para ganar. También allí nuestro equipo jugó con camisetas prestadas, porque a otro árbitro le dio por encontrar similitudes en el equipamiento. Anunciando “Dani” también nos llevamos los puntos.

Sólo la pasada temporada sufrimos menoscabo. El Espanyol de Lotina se jugaba la Liga, o más bien su estancia en la máxima categoría. Vendido nuestro pescado, la derrota era un resultado previsible. A ver quién era el guapo que les mandaba a Segunda, en su casa y con la grada en efervescencia inusitada. Lo mismo que años atrás en Mendizorroza. Hay leyes del fútbol no escritas, pero que el sentido común te hace entenderlas.

Ayer, al llegar a mi cabina, dejo volar el pensamiento. Me hago preguntas. No tan profundas como las que protagoniza Hans Castorp en La montaña mágica, de Thomas Mann. No trato de encontrar respuestas sobre la libertad, la enfermedad, la muerte, el tiempo… Busco a mi equipo. ¿Volveremos aquí el año que viene?, ¿seguiremos en la buena racha?, ¿tendremos suerte? Pongo en marcha las pilas positivas. ¡Es Domingo de Resurrección!

Pero caímos de nuevo a los infiernos oscuros del desaliento. Un gol de Coro nos privó de lo que, al menos, debiera ser un resultado tolerable. Empate a nada. Ni siquiera eso. La Real jugó lo peor de muchas semanas y se volvía casa con el rabo entre las piernas. La magia debió estar de vacaciones y la montaña se nos cae encima.

Iñaki de Mujika