Noticias de Gipuzkoa
Fecha de publicación: 10 de diciembre de 2006
La Casa de Tócame Roque estaba en la calle del Barquillo en Madrid. Era una cochambre inhabitable, una casa con el patio de vecindad más feo y poco saludable que podía visitarse en la mitad del XIX. Lo conocían todos. Desde Don Ramón de la Cruz, que ubicó en aquel escenario a La Petra y la Juana o el buen casero, hasta el resto de madrileños que se acercaban sólo por ver lo que sucedía a cada paso.
Lo más de lo más en 1850, cuando los vecinos la armaron gorda para oponerse al desalojo, acto previo al derribo. Nada les frenaba. Ni siquiera la presencia de la justicia con sus corchetes y ministriles. En la Casa de Tócame Roque reinaba la confusión y con frecuencia se daban cita los alborotos y las riñas.
Pasados más de 150 años y, aunque la casa no esté en pie, la casa existe, porque, a su manera, ha perdurado hasta nuestros días. Si salvamos las distancias, lo nuestro se parece cada día más al edificio. A pesar de que nadie se lo proponga, nos acercamos cuesta abajo y sin frenos. Si convertimos un codazo en uppercut, si terminamos con un jugador en la enfermería, luego en el hospital y más tarde en el quirófano… lograremos ser el centro de la galaxia informativa.
¡Antes dábamos la vuelta al mundo por ser el equipo que aún no ha conseguido la victoria. Ahora, porque sacamos nota alta en trabajos manuales!
Gerardo cumplió años el día después de los autos. Madrugó y se fue al vestuario con unas tortillitas y unos platos de jamón dulce. Hacía falta un “poquito de por favor” para aliviar penas y frenar desconsuelos. Kovacevic y Garitano salieron al salón del beaterio informativo con caras de María de Magdala subiendo al Gólgota. En medio se abrió un expediente informativo. Luego, viaje a Barcelona y partido, o “partidos” según se mire. Me gustaría creer que a esta casa, a la nuestra, le queda algo de grandeza, de entusiasmo, de rigor en la actuación. Que no podemos ser Tócame Roque porque, el día que lleguen corchetes y ministriles, no van a preguntar: “¿Se puede?”











