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¡El tren del Urola!

Los realistas fueron a Tarragona y ganaron. Estuvieron concentrados en los alrededores. Incluso, algunos fueron a los entrenos en Montmeló. Todo se da por bueno si la victoria llega.

L os Lotin boys & company se fueron el jueves de retiro. Decidieron encontrarse en la paz interior de sus mentes y en la exterior de sus cuerpos. Para distenderse. En la bolsa de viaje: cremita de protección 69, maillots de bain , gafas de sol, chancletas y crema depilatoria, para que no se les vieran las bisharras en la animada y motorizada concentración de El Vendrell. ¡Señor! No ha trascendido si en el equipaje había también un parchís, una oca, una baraja de póquer, otra de mus, otra de familias, los Bantú y Esquimal, un juego de damas, unas raquetas de ping-pong, una petanca, una tiza para el toco, unos discos de Paquita Rico, varios MP3 y play stations , unos dardos ¿envenenados?, unos palos de golf…

Ejercicios espirituales que llaman. Con lo discreto que hubiera sido un convento como aquel de Bujedo, en el que los jugadores se hacían la cama, tenían una toalla para toda la semana, cantaban laudes y maitines, subían al monte, hacían ejercicios de concentración, leían libros, sonaban las campanas, podían ir a misa si querían. En cada mesilla un misal y libros de lectura piadosa. De aquella estancia, regnante Olabe , salimos con el espíritu enfervorizado, con medio cielo ganado y con una temporada por delante en la que acabamos subcampeones. ¡Cómo ha cambiado el cuento!

El beaterio, en medio de este sinvivir, está atribulado. No se explica, porque cuesta, esta exhibición de voluntades, esta puesta en escena ante el partido más importante del campeonato. Atolondrado esperó con paciencia el desarrollo de los acontecimientos. De entrada, siete autobuses llenos de feligresía incondicional. Madrugando cosa fina para, como en los toros, a las cinco de la tarde, apoyar y mostrar su fidelidad inquebrantable, Beti Erreala , a un equipo que necesitaba ganar y que anunció, a bombo y platillo, que iba a saltar al campo con todo el ímpetu del mundo para conseguirlo.

Afortunadamente, a Lotina no le van a llover palos a diestro y siniestro. Ni al Consejo, porque el equipo ganó y se mira adelante de otra manera. Apareció Savio con su zurda, en la derecha. Un imposible, pero genial, porque dio un gol, marcó otro y se notaba su presencia. Como la de Ansotegi, con su golazo, y la de Estrada en sus primeros 90 minutos llenos de compromiso con el equipo. En medio, la cabeza de Garitano y un chutazo de Portillo. Y los seguidores, llenos de alegría en sus autocares de vuelta. Hay vida, aunque cueste respirar.

Nos viene el Celta. Sería bueno pasar por Cestona. Recogimiento y naturaleza. Un poco más adelante, un santuario. Loyola. Si es para ganar a los gallegos demos todo por bueno. No tenemos Montmeló. Nos puede valer el Tren del Urola, que también tiene motor y nos puede dar un paseíto.

Iñaki de Mujika