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Las chicas de bronce

Las chicas del balonmano se vuelven con una medalla colgada del cuello. Es de bronce, después de disputar en Brasil un montón de partidos. El último ante las rubias danesas a las que derrotaron con una holgura inesperada. Pero la convicción de que el éxito podía llegar pudo más que el agotamiento por tanto esfuerzo acumulado físico y mental.


 En esa fiesta han participado tres jugadoras alavesas, una guipuzcoana  y una navarra. Las hermanas Patricia y Eli Pinedo, Patricia Elorza, Nely Carla y Nerea Pena, junto a sus compañeras, han vivido una experiencia inolvidable porque es la primera vez que la selección española sube al podio en la historia de los mundiales. Como valor añadido logran meterse en un preolímpico que es el camino que deben seguir para ganar su presencia en 2012. El vizcaíno Jorge Dueñas es el exigente seleccionador de este grupo. A él también le corresponde parte del éxito. Primero, porque elegir a las jugadoras que van a competir no es fácil. Luego, porque acertar en el trabajo físico y táctico-técnico, tampoco. Un mundial exige un nivel de concentración mental enorme porque los partidos se suceden sin margen de recuperación. Te enfrentas a varios equipos sin tregua, versátiles, porque corresponden a distintas formas de afrontar el juego. El encuentro final ante las danesas tuvo de todo, pero preferentemente las constantes vitales del esfuerzo y la agresividad que pertenecen a este equipo. Son algo así como una reserva espiritual de las virtudes tradicionales de furia y coraje que han ido desapareciendo del deporte y de las nuevas generaciones.  Ahora se juega diferente, con velocidad, con impecable manejo del balón. Basta ver los partidos para comprobar que el balonmano masculino y el femenino no están tan lejos. Con la satisfacción del deber cumplido, las chicas de bronce vuelven contentas porque todos los esfuerzos han merecido la pena. Y para saber qué nivel de entrega han debido poner en cada partido, resumo con las palabras de Verónica Cuadrado: “Al final, hemos llorado de estrés”.  

Iñaki de Mujika