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Pasión por lo que merece la pena

Imanol Iruarriz es un tiarrón que juega al rugby en Ordizia, uno más del equipo que se ha proclamado campeón de la Copa del Rey. En mayo cumplirá veintidós años y dispone por delante de un futuro esperanzador. Juega en la tercera línea y comparte con sus compañeros la alegría del primer título que llega a las vitrinas del club del Goierri.

Jugó el decisivo partido ante El Salvador que las puso canutas. Sólo una remontada épica obró el milagro. Los ordiziarras desplazaron más de tres mil seguidores al partido de Palencia. Las fotografías que recogen la presencia de aficionados enseñan personas de toda condición y edad. Mayores, jóvenes y niños, ataviados de rojo y azul. Un sentimiento, un pueblo.

Con la copa en la mano la expedición campeona llegó sobre el anochecer al sitio habitual de sus costumbres, pero esta vez fueron recibidos como héroes, con la tamboreada y los dantzaris, como si fueran las fiestas de Santa Ana. Las calles se atiborraron de gente orgullosa de sus deportistas. Aquí no preguntes ni por Messi, ni por Ronaldo, ni por nada que no sea balón ovalado. Aquí a quien conocen es a Joanes Aierbe, Aitzol Idiakez, Lolotonga, Julen Goia o Danny Kroll, autor del “drop” que valió el campeonato.

Iruarriz respondió a mi llamada este lunes. Sentía el peso de la feliz y enorme resaca, los golpes del hombre del mazo. Reconoció haberse retirado a casa sobre las tres y media de la mañana, que al levantarse necesitó una ducha reparadora de media hora. Poco a poco volviendo a su ser. Se me ocurrió preguntarle si les habían ofrecido una prima por ganar. La respuesta fue tajante. ¡No!. Si hay dinero es para el club. Lo dijo con toda normalidad y sin reclamar nada.

Que a estas alturas de la película haya deportistas que en este caso practican rugby por el mero hecho de disfrutar llama la atención. Que además lo hagan de forma profesional es más meritorio. Comportamientos como estos sirven de ejemplo y contravienen la norma establecida de que los deportistas lo “hacen todo por dinero”. No creo que debamos hablar de romanticismos, sino de pasión por lo que merece la pena.

Imanol Iruarriz y sus compañeros apuestan por el respeto al contrario, por la melée, por el ensayo y la transformación. Se sienten a gusto entre los barrizales y la “touche”. Valoran aspectos que posiblemente desconozcamos los demás y que pertenecen a la “cocina” de cada XV. Pasan a la historia por ganar una copa.

Iñaki de Mujika