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Los silencios de Haimar

Deseo ferventiemente que Haimar Zubeldia pase los Pirineos con nota y afronte la contrarreloj previa a París con la satisfacción de haber disputado un Tour entre los grandes y respondiendo a las exigencias que otros no han querido o no han podido. No hace mucho tiempo compartimos una hora de micrófono. No tenía dudas. Sus respuestas responden a un individuo que merece la pena y, aunque parezca una contradicción, los silencios, sus “tempos” le hacen más grande.

Resulta que ahora es cuando algunos descubren sus capacidades, como si en el camino no hubiera acumulado centenares de kilómetros ejemplares. Ocupa la sexta plaza en la general. Es el mejor situado de nuestro ciclismo, pero el bombo y platillo, dispuesto al uso, estaba preparado para otros. Pero los otros o ya no están o no se les espera. Es decir, que se hacen de Haimar por conveniencia, no por devoción. Me parece injusto y poco profesional.

Zubeldia ha recuperado en este Tour una tonelada de reconocimiento, al margen de que al final sea quinto, octavo o undécimo. Ha puesto orden en el desorden de su equipo. Sin abrir la boca, dando pedales, se ha ganado los galones y el respeto de sus compañeros y del pelotón. Con pocas ayudas, a su ritmo, a veces pasando malos ratos, pero sabe cuáles son sus virtudes y las explota.

Si por algo me alegra su buen papel es por él. Se lo merece. Ni es mediático, ni le gustan las entrevistas, pero eso no significa que deban ignorarle. Lo hicieron antes y ahora aunque sea a regañadientes. Lo ha pasado mal porque le metieron una presión que no le correspondía y le ahogaron en su mundo y en sus dudas.

Ahora, lleva un tiempo haciéndolo, ve luz al final del túnel. Sabe de sobra quiénes están con él. Este martes toca descanso. Luego, los Pirineos. Sentirá en las duras cuestas de los puertos inacabables el aliento de personas anónimas que le valoran desde los sentimientos. Da igual el color del maillot que luce y lo que representa. Es él por encima de todas las cosas. Esa es la grandeza, ser sencillo y humilde al mismo tiempo. Mucha suerte. De la buena!.

Iñaki de Mujika