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El cántaro y la fuente

Dicen los analistas y seguidores de los entrenadores que antes, durante y después de cada partido, los técnicos envían mensajes, más allá de la palabra. El primero para esta eliminatoria de Copa que nos ocupa vino dado por la lista de convocados. La línea de cuatro defensas estaba clara, porque no había más. Lo mismo que el pivote. Así que, cuando tratas de adivinar la alineación, juegas al quita y pon y te sale un equipo competitivo, que es lo que siempre asegura Arrasate en las ruedas de prensa: “Habrá cambios, pero seremos un equipo dispuesto a competir”.

Más tarde, merodea esa visión fatídica de los guipuzcoanos, la teoría segurola y precavida. ¿Y si se lesiona alguno de atrás, qué hacemos?. Evidentemente, fijo que estaba pensado y que movería fichas en el puzzle conforme a las necesidades. El Racing es un equipo de Segunda “B” y que, aunque juegue muy bien al fútbol, es un cuadro menor en relación a la actual Real Sociedad. Lo que pasa es que debes demostrarlo. Por eso, cuando el rival afronta el tramo final de la contienda marcando un gol, dominando las parcelas y llevando el nerviosismo a las gradas, concluyes en la vieja tradición del cántaro que va tantas veces a la fuente que termina por romperse. El gol de Koné nos deja intranquilos cuando menos.

Los cántabros se parecen mucho a otros equipos que en años precedentes firmaron unas soberanas actuaciones coperas, eliminando monstruos, cuya experiencia les sirvió posteriormente para afrontar los play-off de ascenso y conseguirlo. No hace falta ni ir muy lejos ni muy atrás para recordar gestas del Real Unión, Alcorcón, Mirandés, Éibar, que después de cargarse a unos cuantos favoritos del elenco terminaron meses después celebrando el pase a la categoría de plata. El Racing lleva camino, aunque la situación social y económica en la que está sumido distorsiona el mérito deportivo de técnicos y plantilla que están ofreciendo un comportamiento colosal.

A la vista del panorama de partidos encadenados, sin tregua ni descanso, quedaba saber qué respuesta iban a dar los nuestros. Deben cambiar día sí, día también, de disco físico y mental, para que la melodía que interpretan sobre el césped sea lo más coral posible y no distorsionen al oído. A veces, como en Villarreal (liga) o unos cuantos minutos de Getafe, se desafina sin freno, chirría la canción y el público se tapa las orejas antes de que le perforen el tímpano. Cierto es que, con una fidelidad extraordinaria, acude a los conciertos con la sana esperanza de que alguien se atreva con un “do mayor”.

El técnico apostó por la gente joven como hiciera en encuentros precedentes con Ros, Gaztañaga o Zaldúa y tiró de eficacia con Vela, Xabi Prieto, Chory Castro más Seferovic y con Griezmann, Agirretxe y Rubén Pardo en la recámara por si hacían falta para destripar terrones. Y fue precisamente, cuando el entrenador decidió los cambios, que las cosas fueron a peor, porque el equipo perdió balón y consistencia. Se dejó dominar y es entonces cuando aparece el conjunto protagonista de las sorpresas, el que eliminó a Almería y Racing y que nos deja con la mosca detrás de la oreja.

Con anterioridad al tramo final, la Real fue superior, marcó los goles y falló ocasiones suficientes como para decidir y convertir en bicoca el partido de la semana que viene que en este momento obliga a las alertas y a tomar precauciones. En el fútbol nada es fácil aunque lo parezca. Es posible que los realistas creyeran que con el 3-0 en el marcador todo estaba decidido y se dedicaran a especular y ese verbo es traicionero y maldito. Aparecen los errores, los atascos y las incertidumbres. Te vas a casa con el cuerpo destemplado y dándole vueltas a la cabeza sobre las razones de los comportamientos de los equipos.

Mikel González había abierto pronto el portal contrario con dos goles, quinto y sexto de su carrera en la Real, y debió subir al marcador un tercero que el árbitro anuló injustamente a instancias de su asistente. Vinieron más tarde jugadas suficientes como para sentenciar. Valió el tanto de Vela y se fueron al limbo todas las oportunidades de Seferovic que no jugó mal pero la porfía y la ansiedad por marcar gol le terminaron por descentrar.

Poco a poco, el cántaro comenzó a moverse demasiado y a perder agua en el trajín (y eso que llovió de lo lindo). A veces lo agarramos mal y otros lo salvamos cuando estaba a punto de caer al suelo. Zubikarai, con razón, se enfadó con los suyos porque vio que el barro de la cocción se iba a hacer trizas. La misma imagen de desesperación se mostraba desde el banquillo. Las cosas van en una dirección y de repente cambian. No me preguntes el porqué. Ni siquiera lo saben los protagonistas.

El Racing cree en los milagros, lo mismo que sus seguidores que quisieron acompañarle en el primer envite de la eliminatoria que concluye en sueños. No lo tienen fácil, pero tampoco imposible. Esta competición está llena de leyendas y gestas. La Real lo sabe de sobra y debe protagonizar un partido de vuelta acorde con su prestigio y con la ilusión de sus aficionados. Si no alcanzamos las semifinales, el cántaro les dará en la cabeza.

 

 

Iñaki de Mujika