Noticias de Gipuzkoa, 30 de octubre de 2006, página 34.
Se ha puesto de moda el latín. No es una mala noticia. Ayer nos pedían que levantáramos el corazón: Sursum corda. Y hoy les confirmo que “Lo tengo levantado hacia el Señor” (Habemus ad Dominum). Todo nos va a hacer falta. Recuerdo con cierta nostalgia aquellos tiempos en los que no saber las cinco declinaciones, las tres conjugaciones, el hic, haec, hoc, suponía verse de frente con un fraile o una monja que te invitaban a aprenderlas.
Eran los tiempos en los que la misa de obligado cumplimiento se celebraba con el sacerdote dándote la espalda y los textos en latín. Además de práctica, esta lengua significaba sabiduría. Lo primero, con los lamentables planes de educación, se ha ido perdiendo. Lo otro, permanece y se amplía hasta completar el caudal de experiencias: Ése sabe latín.
No sé si Lotina estudió la lengua de los romanos y si tradujo La guerra de las Galias, pero tiene que saber latín más que César y Vercingetorix juntos para sacar esta empresa adelante. No tiene fácil la papeleta. Ayer acudí al estadio un poco entre nebulosas, las mismas que asomaban por el horizonte de las gradas más altas. Una calima que no dejaba brillar al sol. No era una tarde de poesía, porque no son estos tiempos para la lírica, sino para la épica y la dramática. Esperábamos las respuestas. El equipo, el entrenador, la directiva, los aficionados.
Nadie podrá quejarse de los futbolistas, que pusieron todo su empeño en la pelea. Ni ellos de su público, que respondió de inmediato a la llamada del corazón y empujó hasta que pudo. Esa comunión ofreció lo mejor que hoy se puede dar en el entorno de la mochila realista. Y pesa hasta decir basta. Esta vez un gol puntito chichinabo de Arruabarrena resolvió una hermosa contienda del modo más cruel para un equipo que ansía la primera victoria de la temporada.
Por delante, muchas jornadas para recuperarse y para la esperanza, si el equipo mantiene esta línea de actitud y esfuerzo que demostró ayer en Anoeta. No todos los rivales van a tener la calidad y el poso de la experiencia del Villarreal. Creemos y queremos. Los corazones apuntando hacia lo alto, como si esperásemos la llegada de un dios que nos saque de este sufrimiento. A ustedes, a nosotros y a todos los que sienten algo por este equipo.









