El Beaterio de Iñaki de Mujika

¿Quién inventó los petardos?

Noticias de Gipuzkoa
Fecha de publicación: 19 de marzo de 2007

Sobre las seis y media de la mañana, de repente noté que se me movía la cama. O al menos eso me pareció. Dormía plácidamente, hasta que un temblor me sacó del sueño en el que estaba sumido. Al trajín, le acompañó una extraordinaria sonería que, a petardazo limpio, sobresaltó a los sordos y puso en pie a los tullidos. Corrí las cortinas, me asomé a la ventana y todo humo. Y ruido, más ruido y mucho más ruido de una petardada monumental que tienen a bien llamar mascletá. Serán Fallas. Se lo pasarán bien, pero jolines vaya despertar. La paella que nos comimos en El Grao, pelín salada, nos demostró que en esta tierra los domingos no come en casa ni El Tato.

Del trajín de la fiesta te escapas porque no has venido a esto, sino a otra cosa. Coges un cochecito haces sesenta y tantos kilómetros y en otro mundo. Vila-real, que así quiso su ayuntamiento que le llamemos, no responde a ningún parámetro tradicional. Buscas playa y no la encuentras. Buscas una catedral, y tampoco. Buscas tiendas guays, y menos. ¿La restauración? Pasamos página. Te metes entre calles y todas te parecen iguales, salvo la Francisco Tárrega, más ancha en honor del célebre compositor. Tratas de encontrar 50.000 habitantes… misión imposible porque no llegan a esa cifra según el censo. Entonces, si no se ve nada, si no aparentan nada, ¿de dónde sacan la pasta para tener el equipo que tienen, fichar lo que fichan y pagar lo que pagan? Respuesta: la cerámica y sus propietarios.

Así las cosas nos metimos en El Madrigal con la esperanza de que los nuestros prolongaran la semana de bonanza y quietud con la que hemos vivido los siete últimos días y aumentaran, además, los finos hilos de esperanza que todavía sostenemos. Anduvieron cerca. El gol de Savio nos puso la miel en los labios, pero el de Josico nos la quitó, del mismo modo que en partidos precedentes las jugadas a balón parado que tanto daño nos han hecho.

Ayer estuvimos cerca de la petardada, de la buena, de la de ganar y seguir creyendo que todo es posible. Los realistas se lamentaron al unísono en la sala de prensa. “Nos sabe a poco”. La sensación fue de que el esfuerzo no había tenido el premio que merecían. A la salida varias decenas de seguidores trataron de cambiar el rictus de los nuestros, cabizbajos por la oportunidad perdida. En los cálculos de Lotina este punto es bueno si en un par de semanas al Levante le damos un repasito. Con o sin petardos.

Iñaki de Mujika