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La pastilla del día después…

Las parejas actuales disfrutan y aprovechan la modernidad científica, para darse sonoras sesiones de arrimoterapia y luego, por si acaso, una pastillita que evite sorpresas inesperadas. Quiero decir que todo está más o menos calculado. Primero se pegan un festín en toda regla y más tarde se remata la faena con permiso de la autoridad y el farmaceútico.

Ayer la Real estaba pasándolo teta al defender el gol de Abreu. Lillo, que no es tonto, planeó un partido para eso, para montarse y defenderse de las acometidas de un equipo con más recursos. Recordó al diseño de Tarragona. Con distintos hombres, pero con despliegue parecido. Aquella tarde, Díaz de Cerio se encargó (m.88) de asegurar la victoria con su gol. Ayer, en el mismo minuto nos hundieron.

Bueno, nos hundió otro árbitro lamentable. Uno más de los que venimos soportando sin tregua, ni respiro. Nos están machacando y faltando al respeto. A todos. Los técnicos y jugadores se revientan a pelear por un objetivo que todos hacemos nuestro. En Las Palmas hace una semana, nos dejaron con diez porque sí. Al Zaragoza le regalan un penalty, porque también. En ambos casos, con perjuicio a un equipo que ya no aguanta más. Ni nosotros tampoco. Ni la grada, que por primera vez expresó, ante la ignominia, su indignación sin reparo.

Los árbitros de hoy son indefendibles. Lo siento por los colegiados guipuzcoanos y por los que quieren llegar a serlo, pero deberían dejar de acudir al estadio. Las malas enseñanzas no son recomendables en periodos de formación. Ayer todo fue un desastre. Desde el mismo momento en que destruye el partido con un penalty. El torrente de tarjetas amarillas, la clara visión del linier que sabe que no hay falta, el modo de echar a Moha, la forma lamentable de ejercer la autoridad…constituyen la demostración inequívoca de una actuación provocadora. Por este camino, un día nos vamos a lamentar.

Mañana lunes, en el primer avión de la mañana, el presidente Aperribay, junto a Luis Uranga y Juan Luis Larrea, deberían salir a Madrid, para presentarse en la Federación, plantarse en la cara de los presidentes Villar y Sánchez Arminio y decirles que la Real Sociedad es una institución centenaria que se merece mucho más respeto por parte de quienes cada siete días nos hacen la vida imposible. Bernabé García y unos cuantos más deben desaparecer de este escenario por el bien del fútbol y por la credibilidad de su organización.

Para esta indefensión me temo que no hay pastillas del día después. Las necesito para tranquilizar mi lengua y mordérmela.

Iñaki de Mujika